De Padres
e
Hijos
Psicólogos y expertos no coinciden en cual es el principal problema de los niños y los jóvenes. Sin embargo acuerdan en un punto: la única manera de combatirlo es a través de la relación amorosa entre padres e hijos.
El lugar fundamental donde el niño puede crecer es el núcleo familiar y la relación con los padres. Por que es en esa relación, que hace a la identidad de un ser, donde se dibujarán las metas que tienen que ver con el interés y el amor por la vida, y donde se edificará la tabla de valores que será soporte de ese itinerario.
Nuestra época es poco propensa a pensar en la filiación. Sus prioridades están centradas en la libertad individual, en el cambio, en la autonomía.
Sin embargo se puede afirmar con certeza que no hay proyecto personal auténtico sin tener en cuenta quienes somos, y ser persona empieza sobre la raíz misteriosa de que, a pesar de sabernos libres, no nos hemos dado el ser a nosotros mismos.
Es éste el misterio rotundo de la filiación. Sólo si nos conectamos con esta condición podremos desplazarnos con autenticidad hacia el futuro. Porque no hay grandeza humana sin gratitud, que a su vez es la conciencia de la gratitud de la vida recibida; ambas palabras proceden de “gratia”, en latín don, lo que se recibe y acepta de buen grado.
La filiación, cuando se vuelve conciente, deja atrás tanto la etapa de la total independencia de la primera infancia como la del contraste, propia de la adolescencia, cuando se busca una mayor autonomía.
La filiación es el reconocimiento de que siempre, en cualquier situación, cada uno es hijo de alguien al que le debe la vida y que la ficción de un comienzo autónomo no puede ser sostenida sin los padres.
A menudo, la experiencia de la paternidad y la maternidad es el paso decisivo para la toma de conciencia de nuestra condición de hijos, y de ahí surgen las posibilidades relacionadas respecto de aquellos que somos hijos.
El origen del abuso de alcohol y drogas en los jóvenes está basado – Según el Psicólogo Miguel Espeche – en el miedo a crecer. Ellos ven a sus padres con muchos problemas, miedos y angustias; y temen con el crecimiento parecerse a ellos. Sienten que la vida se les acaba.
La admiración, el rechazo, el reclamo, la nostalgia, el remordimiento, la cercanía o la fuga; no pueden escaparse de esa relación familiar.
Los chicos están constantemente mirando y aprendiendo de los adultos. Hablar constantemente en la mesa sobre la crisis económica y la falta de trabajo puede afectar la sensibilidad de niños y jóvenes que necesitan una mejor orientación sobre cómo enfrentar estas situaciones de desbordes y estrés.
¿Crecer para ser como mis padres?... es la pregunta de los jóvenes.
Los padres deben darse cuenta de que “ellos” son los mejores padres que el niño-joven pueda tener. No hay otros mejores que ellos.
Una sola respuesta posible a la pregunta de los jóvenes: porque sin asumir y sin sanar esa relación (Padres – Hijos) no somos plenamente adultos. La filiación, cosa que parece de chicos, es en cambio una experiencia de la adultez, una experiencia de gratitud y perdón. Es la base para ser protagonistas de nuestro presente, para lanzarnos al futuro.
Fuente:
Dra. Paola Del Bosco
(Filosofa)
Psicólogos y expertos no coinciden en cual es el principal problema de los niños y los jóvenes. Sin embargo acuerdan en un punto: la única manera de combatirlo es a través de la relación amorosa entre padres e hijos.
El lugar fundamental donde el niño puede crecer es el núcleo familiar y la relación con los padres. Por que es en esa relación, que hace a la identidad de un ser, donde se dibujarán las metas que tienen que ver con el interés y el amor por la vida, y donde se edificará la tabla de valores que será soporte de ese itinerario.
Nuestra época es poco propensa a pensar en la filiación. Sus prioridades están centradas en la libertad individual, en el cambio, en la autonomía.
Sin embargo se puede afirmar con certeza que no hay proyecto personal auténtico sin tener en cuenta quienes somos, y ser persona empieza sobre la raíz misteriosa de que, a pesar de sabernos libres, no nos hemos dado el ser a nosotros mismos.
Es éste el misterio rotundo de la filiación. Sólo si nos conectamos con esta condición podremos desplazarnos con autenticidad hacia el futuro. Porque no hay grandeza humana sin gratitud, que a su vez es la conciencia de la gratitud de la vida recibida; ambas palabras proceden de “gratia”, en latín don, lo que se recibe y acepta de buen grado.
La filiación, cuando se vuelve conciente, deja atrás tanto la etapa de la total independencia de la primera infancia como la del contraste, propia de la adolescencia, cuando se busca una mayor autonomía.
La filiación es el reconocimiento de que siempre, en cualquier situación, cada uno es hijo de alguien al que le debe la vida y que la ficción de un comienzo autónomo no puede ser sostenida sin los padres.
A menudo, la experiencia de la paternidad y la maternidad es el paso decisivo para la toma de conciencia de nuestra condición de hijos, y de ahí surgen las posibilidades relacionadas respecto de aquellos que somos hijos.
El origen del abuso de alcohol y drogas en los jóvenes está basado – Según el Psicólogo Miguel Espeche – en el miedo a crecer. Ellos ven a sus padres con muchos problemas, miedos y angustias; y temen con el crecimiento parecerse a ellos. Sienten que la vida se les acaba.
La admiración, el rechazo, el reclamo, la nostalgia, el remordimiento, la cercanía o la fuga; no pueden escaparse de esa relación familiar.
Los chicos están constantemente mirando y aprendiendo de los adultos. Hablar constantemente en la mesa sobre la crisis económica y la falta de trabajo puede afectar la sensibilidad de niños y jóvenes que necesitan una mejor orientación sobre cómo enfrentar estas situaciones de desbordes y estrés.
¿Crecer para ser como mis padres?... es la pregunta de los jóvenes.
Los padres deben darse cuenta de que “ellos” son los mejores padres que el niño-joven pueda tener. No hay otros mejores que ellos.
Una sola respuesta posible a la pregunta de los jóvenes: porque sin asumir y sin sanar esa relación (Padres – Hijos) no somos plenamente adultos. La filiación, cosa que parece de chicos, es en cambio una experiencia de la adultez, una experiencia de gratitud y perdón. Es la base para ser protagonistas de nuestro presente, para lanzarnos al futuro.
Fuente:
Dra. Paola Del Bosco
(Filosofa)