martes, 20 de abril de 2010

EDITORIAL

VIAJE AL CORAZÓN DE LOS PUEBLOS

Hasta hace unos pocos años llegaban de diferentes lugares, y de manera a veces casi de casualidad, algunos curiosos de la naturaleza (turistas) que se metían por lugares que a veces no figuran en los mapas.

Así, por ejemplo, podían llegar a descubrir en la localidad mendocina de “La Consulta” a la familia Appon; que llevan en ese lugar más de ochenta (80) años en la producción artesanal de vino patero.
Al descubrir el magnifico sabor de la tradicional bebida, que no se halla en ningún comercio de la zona, aquellos visitantes se hacían de cuanto bidón plástico pudieran obtener, para comprarles algunos litros de ese néctar y llevarlos a sus lugares de origen, como trofeo de aquel descubrimiento.
Este descubrimiento y otros similares por distintos puntos de nuestro país suele denominarse de diferentes maneras: turismo rural; turismo aventura; turismo responsable; etc.

De esta manera, y muy de a poco, y a pulmón, fue esparciéndose de boca en boca las bondades de llegar a ese lugar y obtener aquel magnifico vino patero. Estos pequeños productores comenzaron a recibir a los diferentes visitantes, pero sin transformar la naturaleza, ni el paisaje del lugar. No convirtieron el lugar en una meca turística, ni hicieron grandes infraestructura hoteleras, ni nada parecido; alojaron a los visitantes en el lugar, ofrecieron su “hospitalidad” y mostraron el corazón de su pueblo.
Así, sin alterar su rutina, cada vecino comenzó a ofrecer al turista la posibilidad de compartir una actividad relacionada con su historia de vida. Desde amasar pan en la casa de la familia López hasta cosechar fruta en la finca orgánica de la familia Miranda.
Además de este tipo de experiencia, las personas que llegan a estos lugares pasan de ser meros espectadores, a participantes activos y se llevan una experiencia enriquecedora a sus hogares, después del viaje.
Este tipo de viaje al corazón de los pueblos, es una manera atractiva de conocer lugares, compartir una aventura, y vivir de manera diferente una salida, unas vacaciones y tener un concepto diferente de lo que también puede ser el turismo.
Les guste o no a estas comunidades, con o sin su consentimiento, los turistas llegan; aún a localidades de difícil accesos, con caminos de tierra, escondidas tras los bosques, lejos de los circuitos tradicionales del turismo común, las personas ávidas por “ver o vivir algo diferente, distinto”; llegan…

Como por ejemplo en “Manzano Amargo”, localidad del norte de Neuquén, quienes en apenas tres años incrementaron las visitas al lugar de doscientas (200) a dos mil (2.000) personas.
Siempre a pulmón y con grandes esfuerzos, en los últimos años se han asomado expresiones de este tipo de turismo, casi siempre apadrinadas por distintas organizaciones de la sociedad civil (ONG) que entre otros objetivos medioambientales buscan minimizar el impacto negativo del turismo tradicional.
Este tipo de turismo podemos llamarlo “Turismo Respetuoso”, ya que las personas que llegan a este tipo de lugares son personas que comparten la preocupación por el medioambiente, son respetuosos de las demás culturas, quieren vivir experiencias nuevas y enriquecedoras, y casi sin saberlo generan una actividad económica que mejora la calidad de vida de estos pequeños pueblos y fortalecen el tejido social de la comunidad.-