domingo, 5 de julio de 2009

CURIOSIDADES

LOS CHIRIGUANOS y EL FUEGO
(Leyenda de Formosa)



Cuentan los indios Chiriguanos que hace mucho tiempo una gran inundación cubrió toda la tierra. Durante muchos días y muchas noches llovió torrencialmente sin parar; ciudades enteras quedaron sumergidas bajo el agua. Cuando el diluvio acabó, todo fue desorden; la tierra había quedado totalmente desvastada.
Un joven y una niña fueron los únicos sobrevivientes. Juntos comenzaron a luchar por sus vidas en la forma más primitiva y rudimentaria.
No había nada que los alumbrara por las noches o les proporcionara calor en los días fríos y más aún, tenían que comer crudos los pocos alimentos que encontraban.
El tiempo fue pasando; lentamente la vida comenzó a renacer; brotaron las plantas y nacieron los animales de todas las especies. Todo en la tierra se iba recuperando. Sólo faltaba el fuego; el que se hacía cada vez más necesario.
Hasta que un día… un sapo vino en ayuda de los jóvenes…
Sucedió que Pacha Mama (Madre Tierra) sabiendo que el diluvio se acercaba, decidió preservar el fuego de la inundación y eligió a un gran sapo para esta misión.
Este, guardando unos carbones encendidos en la boca, buscó un gran hoyo para protegerlos y allí se quedó.
Así, al resguardo del agua, trató de mantenerlos todo el tiempo encendidos. Cuando los carbones se cubrían de cenizas y parecían apagarse, soplaba con todas sus fuerzas sobre ellos y nuevamente volvían a arder.
La misión no fue fácil, pero el sapo no descuidó un solo instante la tarea que se le había encomendado.
Cuando pasó la inundación y la tierra ya estaba seca, salió saltando de su hoyo con las brasas en la boca e inmediatamente buscó a alguien para dárselas.
Saltando, saltando, indagó en uno y otro lado; y cuando ya creía que no encontraría a nadie, vió a los dos jóvenes. Se acercó a ellos y abriendo la boca, dejó caer los carbones en el suelo y comenzó a croar para llamar su atención.
Las caras de los jóvenes se iluminaron de alegría cuando vieron los carbones encendidos y rápidamente, con arbustos y ramas de quebracho hicieron una gran fogata.
Esa fue noche de fiesta porque calentaron sus cuerpos, alumbraron su choza oscura y comieron carne asada.
Así recuperaron el fuego, y el sapo fue muy querido y respetado.
Pasó el tiempo; el joven y la niña crecieron, y de su unión provino la tribu de los Chiriguanos.

Fuente: Leyendas Argentinas
Paulina Martínez – Eva Rey – Pirucha Romera
(Ed. Sigmar) Bs. As. – 1998