domingo, 5 de julio de 2009

EDITORIAL

CENTENARIO de BIGAND

Este 15 de julio se celebran los primeros 100 años de la fundación de Bigand.

Bigand es una localidad ubicada en el departamento Caseros, al sur de la provincia de Santa Fe, Argentina, en el cruce de la Ruta Nacional 178 con la Provincial 14. Dista 70 km de la ciudad de Rosario y 243 de Santa Fe (capital).
La actividad económica está basada mayormente en la producción agropecuaria (soja, trigo, maíz, vacunos), cuenta además con pequeñas industrias dedicadas al agro y a la producción de alimentos. Fue fundada el día 15 de julio de 1909 por Víctor A. Bigand a la vera del ferrocarril Belgrano que une las ciudades de Rosario y Bahía Blanca.

Perfil del Pueblo
Diría la crónica fría, entera y saturada de números que Bigand, en el sur santafesino, es una población que cuenta con más de cinco mil almas y fue fundada el 15 de julio de 1909 por un hacendado de ascendencia gala, empecinado él en convertirse en pionero.Muchas cosas habrán de ser reflejadas por la crónica helada y saturada de cifras.Hablará de las tierras, se perderá en quintales, y mencionará casi con precisión de orfebre cantidad de cabezas, kilómetros de alambre y hasta habrá de explayarse en la lluvia caída desde un siglo hasta esta parte.Pero quizás muy poco mencione de su gente,de la gente del pueblo, de nuestra propia gente, esa que a contrapelo de los tiempos de cambio y a manera de sombra de los buenos pasares que fueron la constante en otras latitudes fue pariendo entre piedras.Y así nacieron rústicos hijos de la tierra ardiente,de una tierra virgen y empolvada por el viento del norte, entre pasturas fuertes, entre cardales toscos, entre trigales de oro cuando ni el más osado mencionaba la soja. Era el Bigand de siempre:Una incipiente cresta en esta inmensa llanura que tenemos por patria.
Y su gente nació del vientre apretujado de mujeres bruñidas como el bronce candente, hembras que acompañaron a los tipos valientes en la lucha desigual por la supervivencia. Así nuestros abuelos, a los que muchas veces miramos de soslayo devanar su tranquito pausado, gambeteando apenas, con arrastre cansino la baldosa floja de la vuelta de casa,entonando sin voz aquella vieja canzonetta deformada ya por los años que hasta alteran el compás en tiempo y forma,vieja canzonetta que supo raer de allende los mares y hubo de acompañarlo como fiel parte suya,cuando sólo su vocación de gringo lo mantenía estoico, cristalizando la reja de arado mancera con trozos de corazón, con restos de lágrimas que fueron insertando a su querida patria ínfima en el seno de esta invalorable pampa gringa que nos tocó en suerte. Y así, en esa insólita mixtura donde jamás se retacearon sentimientos disparescon el amor y el llanto, dolor y la esperanza, temor y desconcierto comenzaba a engendrarse este incipiente pueblo en donde casi siempre cae el agua de a sorbitos. Este pueblo hermoso, este pueblo de calles anchas, pueblo bien conformado. Este pueblo con ambiciones algo más complejas que esperar del cielo la gota salvadora de una buena cosecha. Pueblo que mi gente, nuestra gente, la gente con la que día a día jornada tras jornada tengo la suerte de compartir el mismo aire administró con su empuje a lo largo del siglo y se vio reflejada en tangible progreso donde andar es futuro y recordar, la causa. El alma de mi gente emite sus pulsiones en los rayos endebles de aquellas bicicletas que por llegar a tiempo, antes de la campana de la doscientos quince,van devorando barro por las calles de afuera, por ejemplo. Y se apersona en los momentos duros cuando las frías escarchas mantienen su evidencia cual blanco testimonio del despunte del alba y entre muecas ambiguas, revestido en blanco, va un obrero a la fábrica. Tampoco dará cuenta la saturada crónica de que mi gente vive, se solaza y ensancha un hermoso futuro en rojo y amarillo que siempre gana altura y repta por sus calles, trepa por los aromas a mandarina de las casas viejas, se mimetiza con los soles mañaneros de la Plaza San Martín, ese futuro promisorio que la distancia añora, y lo disfruta como quien sorbe gotas de un licor tan añejo como la vida misma. Tampoco han de entender las cifras trasnochadas de las vicisitudes que han debido afrontar aquel peoncito humilde que entre ladrillo y pórtland, arena y agua estanca, entre mezcla y andamio va desgranando horas de albañil a la fuerza que alguna tardecita del noviembre pasado se apersonó con bolso exiguo y desflecado,trayendo entre las zapatillas rotas aquellos últimos resabios de tierra polvorienta de su querido Chaco y encontró en nuestro pueblo, en este Bigand sureño su lugar en el mundo. Un lugar en el mundo que creo todos quienes estamos aquí hubimos de encontrar algún día. Un lugar en el mundo al que en lo personal- y lo reconozco- le debo una asignatura pendiente:la de hacer abstracción de nuestros propios problemas cotidianos y brindarle el homenaje que Bigand se merece, porque sé desde siempre que el espíritu de mis escritos se ufana de contestatarlo y que pretende emplazar con simples utopías la necesidad de prestar su ronca voz a quienes no la tienen.Pero debo aclararte al día de hoy que me traicionan los sin tierra,me falsean buenamente los de abajo, los que luchan a destajo por un trozo de pan cada vez más lejos de la gloria. Me traicionan en el mejor sentido de la palabraa la hora de plasmar en pocos líneas la febril esencia de este amor inquieto. Es mi humilde modo de pedirte disculpas. Tal vez suene a excusa, o quizás no llegue a convencerte del todo mi precisa forma de encarar las cosas.Pero ellos aparecen, giran en derredor de mis ideas y se plantan cual mojones de carne que limitan mi tosco romanticismo a la hora de escribir nada más ni nada menos, tierra querida, visión entrecortada de mi más tierna infancia, pueblo pequeñito de mis primeros golpes... cuánto te quiero!!.

Fuente: Gerardo Acosta