
En la legislación Argentina hay numerosas leyes sobre integración de personas con capacidades diferentes que están vigentes y que, al decir de los expertos en el tema, están muy bien redactadas y abarcan todos los aspectos importantes… pero no se cumplen.
Que las personas puedan ejercer su derecho a la libertad, la salud, la educación y el trabajo, y tengan la posibilidad de decidir dónde quieren estar en la comunidad y cómo desarrollar sus capacidades individuales, depende sobre todo de una sociedad que quiera incluirlas con la misma generosidad que a cualquier otro de sus miembros, y de las políticas públicas que el Estado Nacional y los Estados provinciales y municipales encaren sin mas dilaciones.
Las dificultades surgen más de las imposibilidades sociales que de ellos mismos y de sus familiares. Ante todo, los prejuicios de la mayoría de los que deben decidir. Por ejemplo: ¿Por qué las personas con capacidades diferentes son sospechadas de no ser buenos profesionales?...
Sin escuelas adaptadas y accesibles, sin maestros y profesores capacitados para enseñarles, con ciudades con todo tipo de barreras arquitectónicas parece ingenioso esperar que no tengan dificultades para estudiar en el mismo lapso de tiempo que otros ciudadanos, que pueden desplazarse sin inconvenientes, por ejemplo.
Se hace imperioso un cambio cultural profundo, desde todos los sectores, no sólo desde las ONG.
En una reciente entrevista, el líder y fundador de “Red Solidaria”, Juan Carr, reconocía que los argentinos conforman uno de los grupos sociales más solidarios del mundo; sin embargo, cuesta que la solidaridad perdure en el tiempo – Dijo – y se transforme en compromiso. Si no entra en juego también el concepto de compromiso, toda esa solidaridad no basta.
En tanto no estén integrados todos los sectores de la comunidad, no se podrá hablar de una sociedad Argentina que construye para el futuro y el bienestar común.
Para que las personas con capacidades diferentes puedan integrarse al mercado laboral, y en general… a integrarse en la sociedad, es necesario un cambio cultural profundo y que las leyes sancionadas, y que están en vigencia, se cumplan.
Fuente:
Fundación La Nación