ADICTOS AL AMORAlgunos enloquecen, otros pierden la cabeza, están los que enferman y los que mueren por amor. Este sentimiento fulminante, que transforma la vida de los enamorados ha hecho correr ríos de tinta y ahora apasiona a la ciencia.
Es que la ciencia no se deja seducir por las mariposas en el estómago y para ella el enamoramiento, ese “estado de imbecilidad transitoria”, como lo definió Ortega y Gasset; no es otra cosa que una “revolución bioquímica” y emocional que raya en lo patológico, un proceso químico que usa los mismos mecanismos neurológicos que se activan durante una adicción y llevan a la distorsión de la realidad, la perdida de control, la ansiedad y la euforia. Sentimientos tan intensos y poderosos, que implicarían por qué las personas se deprimen cuando terminan una relación y por qué insisten en buscar un nuevo amor.
“Fuimos creados para reproducirnos, no para ser felices”, afirma la Dra. Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers; quien sostiene que hay distintos tipos de amor y distintos tipos de sustancias químicas a los que se asocia, porque la lujuria, el romance y los vínculos estables son sentimientos independientes que pueden o no, vivirse simultáneamente, con el riesgo que esto implica.
La lujuria, se refiere al deseo en estado puro, y es un periodo en donde predomina la testosterona. Luego está la atracción romántica o el enamoramiento, que sería algo así como un refinamiento de la lujuria orientado a una persona en particular. En esta etapa predomina la euforia y la alegría, y también sentimientos obsesivos acerca del objeto del deseo. La dopamina y la norepinefrina son las sustancias que se asocian con esta etapa. Algunos investigadores coinciden en que este estado mental tiene características similares a la etapa maníaca de la depresión maniaca. Sería algo así como cuando el personaje de Glenn Close en la película “Atracción Fatal” se obsesiona con el personaje de Michael Douglas. Las hormonas excitatorias, del personaje de Close, están altas y tienen un enorme deseo de satisfacción, sumado a un trastorno obsesivo compulsivo, que en su caso es un problema, ya que lo del personaje de Douglas era pura lujuria, y las cosas terminaron mal.
Según la Dra. Matilde Otero Lozada (Investigadora Sensorial del CONICET) cuando los enamorados pueden dar rienda suelta a sus sentimientos, las cosas salen bien y con el paso del tiempo pueden llegar a consolidar un vínculo duradero y seguro. En esta etapa los niveles hormonales – vasopresina y oxitocina – se estabilizan. Hay también endorfinas, pero no por la excitación sino por otras razones, como son el hecho de sentirse contenido, amado y estabilizado emocionalmente.
Además de la oxitocina y la vasopresina, el sexo aumenta la cantidad de serotonina, neurotransmisores que tienen una incidencia directa sobre los estados de ánimo. Cuando los niveles de serotonina son altos hay euforia y manía, mientras que cuando decaen excesivamente pueden provocar depresión. La actividad física, el chocolate y la risa también aumentan la cantidad de serotonina. Cuando hay mucha inactividad sexual hay una insatisfacción que vuelve a las personas más irascibles, por eso el sexo produce una sensación de bienestar que hace que las cosas se miren de otra manera.
En la pasión y el trastorno obsesivo compulsivo, los niveles de serotonina son bajos, y eso puede llevar a enfermar de amor. El alcohol también baja los niveles de serotonina, por eso luego de una noche de copas, hombres y mujeres se prestan más fácilmente al romance apasionado.
Los antidepresivos, por el contrario, hacen que los niveles de serotonina permanezcan en el cerebro por más tiempo que el normal, sin poner en peligro la capacidad de enamorarse.
Las razones por las cuales el organismo desata una revolución química con algunas personas y no con otras, es muy difícil de determinar, ya que el mapa del amor se elabora a través de los años y tiene un alto nivel de azarosidad. Hipótesis hay muchas, pero “el corazón tiene razones que la razón desconoce”, y aunque la serotonina puede ayudar a curar el mal de amores, es poco probable que la ciencia logre desarrollar ese momento mágico del amor en que el tiempo parece detenerse.
LA QUIMICA DEL AMOR
La “lujuria” es un concepto que se manifiesta con un “deseo ardiente de sexo” y está asociada a la sustancia llamada “testosterona”.La “atracción” se manifiesta en una etapa de “euforia y alegría”, donde las personas se sienten involucradas emocionalmente. (Hay amor, romance y enamoramiento) Aquí las sustancias que se asocian con el concepto de atracción son altos niveles de “dopamina y norepinefrina” y bajos niveles de “serotonina”.
Finalmente el concepto de “vínculo” entre las personas se manifiesta a través de una “atracción que evoluciona hacia una relación calma, duradera y segura”; donde las sustancias que se asocian son la “oxitocina y vasopresina”.
PROCESOS DE ENAMORAMIENTO
A pesar de que hombres y mujeres expresan el amor romántico con la misma intensidad y son atraídos por parejas que les resultan agradables, inteligentes y educadas, a veces hay algunas diferencias en sus elecciones. Ellos se sienten atraídos por la belleza y la juventud, mientras que las mujeres son seducidas por la educación y la posición social.
Los procesos de enamoramientos y lujuria son similares en los dos sexos, pero la emoción se vive de manera distinta. Las mujeres al ser más ciclotímicas manifiestan más los vaivenes emocionales. Internalizan las cosas de manera diferente. Hay etapas en donde los altos niveles de oxitocina (hormona que produce la concentración del útero) la ponen incómoda y se tranquiliza cuando estos niveles bajan. En los hombres todo está menos exacerbado porque lo suyo es más externo. Ellos lo liberan y ya está.
NIVELES DE TOLERANCIA
“Vivieron felices y comieron perdices”, terminan los cuentos infantiles. Pero lo que no especificaban era por cuanto tiempo, ni lo que sucedía cuando después de veinte años de estar juntos, ella no podía recuperar la silueta después de varios embarazos y él se pasaba sus noches tirado en la cama con el control remoto y mirando fútbol. Lo cierto es que en la vida real, la pasión se desvanece, debido a que el organismo se acostumbra a los niveles hormonales y disminuye con los años el estado de excitación y euforia.Para la Dra. Lozada el problema no es la perdida de la pasión, sino que el vínculo se vuelve calmo pero monótono, duradero pero claustrofóbico y seguro pero aburrido.
Lo importante es no llegar al punto en que el otro no produce ninguna motivación, dejarse estar, porque eso puede llevar a la depresión.
“En una relación, la felicidad es la conquista de cada logro”, por eso cuando de amor se trata, “hay que aumentar la cantidad y la calidad de emociones”, dando lugar a sentimientos mas emocionales y afectivos”.
Los niveles de “tolerancia farmacológica” llevan a otro interrogante no menos importante: ¿si una persona se enamoró muchas veces, va perdiendo la capacidad de enamorarse?
No; pero le cuesta, ya que la memoria hace que aparezcan temores porque aunque hay un aprendizaje, que debería hacernos sentir más seguros, están los fantasmas del pasado. Además si antes nos deslumbrábamos con un ramo de flores, un llamado inesperado, o una cena a la luz de las velas; con el paso del tiempo y la experiencia, comenzamos a necesitar nuevos estímulos.
SINDROME DE ABSTINENCIA
La semejanza entre el enamoramiento y la adicción se da tanto por las buenas como por las malas razones. Si el sentimiento es correspondido y los enamorados se dejan arrasar por la pasión y logran sortear los obstáculos y reinventan el sentimiento para llegar a la vejez “comiendo perdices”, entonces la historia tiene un final feliz. Pero el amor pasional es como una droga y crea una adicción tal, que la pérdida de este estado conduce a un desasosiego semejante al síndrome de abstinencia, con características similares: depresión, angustia, ansiedad y disminución de la libido, entre otras cosas. El organismo busca compensar esto mediante la secreción de endorfinas que tiene un efecto similar a la “morfina”, que intenta calmar el mal de amores.
Fuentes:
Dra. Helen Fisher (Universidad de Rutgers)
Dra. Matilde Otero Lozada (CONICEF)