miércoles, 25 de noviembre de 2009

CURIOSIDADES



La culpa de todo…


Dicen… que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. O que votan; o que no votan. Pero más allá de eso… no hay ninguno que realmente piense y actúe a favor de los más necesitados, precisamente del pueblo.

A continuación transcribimos un monólogo del queridísimo humorista argentino “Tato Bores” (Tato de América). Quienes tuvieron la suerte de verlo, escucharán su voz cuando lean esta nota; y también se darán cuenta que si bien pasaron los años nuestra historia como país no cambia, y el monólogo no pierde actualidad, es más, se mejora.

Así que mis queridos chichipios, vermouth con papas fritas y… good show!!...


…La culpa de todo la tiene el Ministro de Economía, dijo uno.

- ¡No Señor! – Dijo el Ministro de Economía, mientras buscaba un mango debajo del zócalo. – La culpa de todo la tienen los evasores.

- ¡Mentiras! – Dijeron los evasores, mientras cobraban el 50 % en negro y el otro 50 %… también en negro. – La culpa de todo la tienen los que nos quieren matar con tantos impuestos.

- ¡Falso! – Dijeron los de la AFIP, mientras preparaban un nuevo impuesto al estornudo. – La culpa de todo la tiene la patria contratista; ellos se llevaron la guita.

- ¡Pero, por favor…! – Dijo un empresario de la patria contratista, mientras cobraba un peaje a la entrada de una escuela pública. – La culpa de todo la tienen los de la patria financiera.

- ¡Calumnias! – Dijo un banquero, mientras depositaba en un banco a su madre a 7 días. – La culpa de todo la tienen los corruptos que no tienen moral.

- ¡Se equivoca! – Dijo un corrupto, mientras vendía a 100 dólares un libro que se llamaba “Haga su propio curro” pero, que en realidad, sólo contenía páginas en blanco. – La culpa de todo la tiene la burocracia que hace aumentar el gasto público.

- ¡No es cierto! – Dijo un empleado público, mientras con una mano se rascaba el pupo y con la otra el trasero. – La culpa la tienen los políticos que prometen una cosa para nosotros y hacen otra para ellos.

- ¡Eso es pura maldad! – Dijo un diputado, mientras preguntaba dónde quedaba el edificio del Congreso. – La culpa de todo la tienen los dueños de la tierra que no nos dejaron nada.

-¡Patrañas! – Dijo un terrateniente, mientras contaba hectáreas, vacas, ovejas, peones, recordaba antiguos viajes a Francia y añoraba el placer de tirar manteca al techo. – La culpa de todo la tienen los comunistas.

- ¡Perversos! – Dijeron los del politburo local, mientras bajaban línea para elaborar el duelo. – La culpa de todo la tiene la guerrilla trotskista.

-¡Verso! – Dijo un guerrillero, mientras armaba un coche bomba para salvar a la humanidad. – La culpa de todo la tienen los fascistas.

- ¡Malvados! – Dijo un fascista, mientras quemaba una parva de libros juntamente con el librero. – La culpa de todo la tienen los judíos.

- ¡Racistas! – Dijo un sionista, mientras miraba torcido a un coreano del barrio de Once. – La culpa de todo la tienen los curas que siempre se meten en los que no les importa.

- ¡Blasfemia! – Dijo un Obispo, mientras fabricaba ojos de agujas como para que pasaran 10 camellos al trote. – La culpa de todo la tienen los científicos que creen en el Big Bang y no en Dios.

- ¡Error! – Dijo un científico, mientras diseñaba una bomba capaz de matar más gente en menos tiempo, sin hacer ruido y mucho más barata. – La culpa de todo la tienen los padres que no educan a sus hijos.

- ¡Infamia! – Dijo un padre, mientras trataba de recordar cuantos hijos tenía exactamente. – La culpa de todo la tienen los ladrones que no nos dejan vivir.

- ¡Me ofenden! – Dijo un ladrón, mientras le arrebataba una cadenita de oro a una jubilada, y de paso, la tiraba debajo de un tren. – La culpa de todo la tienen los policías que tienen el gatillo fácil y la pizza abundante.

-¡Minga! – Dijo un policía, mientras primero tiraba y después preguntaba. – La culpa de todo la tiene la Justicia que permite que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra.

-¡Desacato! – Dijo un Juez, mientras cosía pacientemente un expediente de más de 500 hoja que luego, a la noche, volvería a descoser. - La culpa de todo la tienen los militares que siempre se creyeron los dueños de la verdad y los salvadores de la patria.

-¡Negativo! – Dijo un coronel, mientras le ordenaba a su asistente que fuera preparando buen tiempo para el fin de semana. – La culpa de todo la tienen los jóvenes de pelo largo.

-¡Ustedes están de la nuca! – Dijo un joven de pelo largo, mientras pedía explicaciones de por qué para ingresar a la facultad había que saber leer y escribir. – La culpa de todo la tienen los ancianos por dejarnos el país que nos dejaron.

-¡Embustero! – Dijo un señor mayor, mientras pregonaba que para volver a las viejas buenas épocas nada mejor que una buena guerra mundial. – La culpa de todo la tienen los periodistas porque junto con la noticia aprovechan para contrabandear ideas y hacer negocios propios.

-¡Censura! – Dijo un periodista, mientras que con los dedos cruzados rezaba por la violación y el asesinato nuestro de cada día. – La culpa de todo la tiene el imperialismo.

-¡Thats not true! (¡Eso no es cierto!) – Dijo un imperialista, mientras cargaba en su barco un trozo de territorio con su subsuelo, su espacio aéreo y la gente incluida. – La culpa la tienen los cipayos que nos permitieron llevarnos hasta el gato.

-¡Infundíos! – Dijo un cipayo, mientras marcaba en un plano las provincias más rentables. – La culpa de todo la tiene Magoya.

-¡Ridículo! – Dijo Magoya, acostumbrado a estas situaciones. – La culpa de todo la tiene Montoto.

-¡Cobardes! – Dijo Montoto, que de esto sabía un montón. – La culpa de todo la tiene la gente como vos, por escribir boludeces.

-¡Paren la mano! – Dije yo, mientras me protegía detrás de un buzón. – Yo sé quien tiene la culpa de todo. La culpa de todo la tiene “el Otro”. ¡El Otro siempre tiene la culpa!

-¡Eso, eso! – Exclamaron todos a coro. – El Señor tiene razón: la culpa de todo la tiene “El Otro”.

Dicho lo cual, después de gritar un rato, romper algunas vidrieras y/o pagar alguna solicitada, y/o concurrir a algún programa de opinión televisiva (de acuerdo con cada estilo), nos marchamos a nuestras casas por ser ya la hora de cenar y porque el culpable ya había sido descubierto.

Mientras nos íbamos, no podíamos dejar de pensar: ¡Que flor de guacho que resultó ser “El Otro”…!!


Fuente:

Tato Bores

(Gentileza de Marisa Pereyra)