miércoles, 25 de noviembre de 2009

MUJER



MUJERES PRESAS


A los 26 años ingresó por primera vez en los fríos pasillos de una unidad carcelaria. Luego de 6 largos años de encierro y de haber recuperado su libertad, decidió que tenía que hacer algo por las mujeres que allí quedaban.

Después de haber padecido las negligencias del Estado y de miles de reclamo desatendidos, Marta Miravete Cicero, fundó en el año 2002 una Organización No Gubernamental que resuelve reclamos de presas: relacionadas con abandonos de personas, fallas en el sistema de atención sanitaria y derechos de las personas con VIH.

- Las mujeres que pagaron su culpa con la sociedad (ex presas) y los familiares de las detenidas sufren el encierro y el estigma de la discriminación.- Afirma Marta Cicero, quien estudió sociología durante su estadía en la cárcel. En 1998 salió en libertad condicional y cuando en 2002 finalizó su condena, se volcó de lleno a esta institución que busca articular con el Estado la posibilidad de mejorar la calidad de vida de las mujeres que se encuentran detenidas en los penales, y de aquellas que luego en libertad son discriminada por la sociedad.

Para eso Marta brinda desde esta ONG, talleres de prevención en sida y salud sexual reproductiva. Se ofrecen bolsas de alimentos, libros, juguetes y se informa fundamentalmente sobre cuales son sus derechos.

Trabajo, educación, salud e integración social son los temas más urgentes sobre los cuales trabaja la entidad desde el sistema carcelario.

No todos los ingresos a la Unidad Penitenciaria Nº 31 de mujeres en Ezeiza son rejas con candados custodiadas por guardias uniformados.

En este penal, desde 1996, las detenidas tienen la posibilidad de vivir en las unidades carcelarias junto a sus hijos menores de 4 años para fortalecer el vinculo madre-hijo. Ante esta realidad tan compleja, las cárceles deben redefinir las reglas de juegos para evitar que los niños vivan como presos.

Algunos de los pabellones están arreglados con motivos infantiles y llevan nombres tales como “nubecita”, “solcitos”, “cielitos”, etc. Pero el vocabulario de los niños, como los juegos que allí practican se parece mucho a los que utilizan las detenidas. Así los chicos en vez de jugar al doctor, a las compras, u otros similares, juegan a la visita (imitando las visitas que reciben las presas) y utilizan palabras como “celadora ábrame la reja”…

Si bien en la Unidad Nº 31 hay pabellones separados y jardines maternales, esta realidad no se repite en otras unidades donde hay mujeres detenidas.

Este también es uno de los puntos que aborda la ONG que lidera Marta Cicero, para que se produzca un cambio sustancial en aquellos penales donde estas mujeres que cometieron un error en sus vidas, tratan de superarse.


Fuente:

Teodelina Basavilbaso

Fundación La Nación.