viernes, 18 de diciembre de 2009

MUJER


Punto de Encuentro

¿Por qué será difícil de concretar el encuentro entre personas?...


Basta con echar una mirada alrededor y la prueba está a la vista. Rosario, como otras grandes ciudades, es muestra de la soledad que envuelve a generaciones de treinta y tantos años para arriba.

Tal vez como toda sociedad se encuentra envuelta en la crisis generada por los cambios bruscos (hiperinflación, globalización, exilios, etc.) que seguramente han influido en mayor o menor grado en la personalidad.

Algunos se adaptaron y otros quedaron vacíos de iniciativa, agravando así el estado de aislamiento. Estas presiones ejercidas desde afuera y en el intento de encontrarse solo llevaron a una conspiración en la comunicación, y sobre todo perjudicaron el acercamiento entre un hombre y una mujer.

Es en la comunicación donde se ve el acatamiento o no a las demandas sociales. Casi todo el mundo estará de acuerdo en considerar a la comunicación como una de las cosas más importantes. Las palabras en sí mismas no tienen significado, la gente es quien se los da.

El simple hecho de pensar sobre algo de manera diferente suele ser el fracaso para comunicarse. Aprender a escuchar es tan necesario como saber hablar. La comunicación debe basarse en el dialogo: conocer y que nos conozcan.

Una verdad compartida es mucho más que eso, es haber hallado un punto de encuentro. A través del dialogo respetamos la libertad del otro y de paso se enriquece nuestra libertad interior.

La comunicación entre personas no debe destruir la personalidad del otro.

Es necesario tener confianza en sí mismo, esta es la base para la autoestima, su falta da pie al encierro y así nacen los temores.

Descubrirse es una manera de empezar, es una satisfacción personal. En general hay temor a mostrarse y por otro lado espanta la idea de la soledad. La soledad tiene historia, es tan vieja como el mundo, siempre sucede lo mismo: hay temor por si mismo.

No hay formulas mágicas para solos y solas, lo importante es generar encuentros entre quienes de una manera u otra se sienten solos; descubrir que no son bichos raros, decir en voz alta lo que le sucede, tendiendo puentes a otros, aunque sean frágiles, sin darse lástima por estar solo, pero emitiendo señales para romper con el ensañamiento que trajo la angustia.

La soledad debe ser un estado transitorio. Es útil dejar fluir sentimientos, tener identidad tomándolo como algo adulto, sacarse la mascara y reflexionar si estando mal conmigo puedo formar pareja.

Decía Mario Benedetti: “Después del amor viene la soledad, después de la plenitud viene la soledad, después de la alegría viene la soledad”.

La soledad que permite verse a uno mismo es positiva; la que busca vínculos para llenar un vacío es negativa, porque la soledad nace de adentro. Se pueden tener amigos, amantes, hijos, y sin embargo pesa ahí la necesidad de ser autentico.

Hay gente sola con buena onda, pero esto genera asombro para los demás, pero seguramente, esa persona ha aprendido a no temerle a las presiones sociales ni culturales, está haciendo un balance sobre su vida, vive la soledad como un estado temporario. El único sentimiento irremplazable es el que se ocupa de uno para luego estar bien con los demás.

El quererse es una cualidad psicológica que debemos satisfacer basándonos en la comprensión de unos con otros, por eso son importantes los encuentros entre los que se sienten iguales.

Los afectos se buscan primero en sí mismos, y de esta manera se puede llegar al otro. Sobre esta base es probable que prosperen los encuentros entre personas y se entienda a la soledad en sí misma y no como una tragedia.

Julián Green expresó de una forma bella el sentimiento de soledad: “Sabía que nosotros no significábamos nada en comparación con el universo. Pero el hecho de no ser nada de una manera tan inconmensurable me parece, en cierto sentido, abrumador y a la vez alentador. En medio de este caos de ilusiones en el que estamos sumergidos de cabeza, hay una sola cosa que se erige verdadera: el amor. Todo el resto es un vacío hueco, es la nada. Nos asomamos a un inmenso abismo negro, y tenemos miedo.


Fuente: Adriana Muzzio

Psicóloga