viernes, 18 de diciembre de 2009

NUTRICION



Un Buen Desayuno


Las ventajas de un buen desayuno son innegables. Después de 7 u 8 horas de sueño, el organismo necesita proveerse de energía para comenzar la jornada.

Pero una buena energía no es la que le proporcionan ni los dulces, ni las grasas, y mucho menos alguna infusión (té, café, mate cocido, etc.).

Un buen desayuno es la “Granola”. Se trata de una combinación especial de distintos nutrientes: cereales, frutas y lácteos. Puede consumirse a cualquier edad y no tiene restricciones. La única limitación ocurre en caso de obesidad o diabetes.

El resultado de la Granola es de un valor muy superior al que ofrece cada elemento por separado. Una cucharada sopera para los niños y dos para los adultos, mezclados con un vaso de leche son la medida ideal para un desayuno perfecto. La Granola no lleva, ni necesita de azúcar.

La Granola tradicional se compone de copos de avena tostada, manzana rayada, yogur o leche, nueces, almendras, semillas de girasol, polen, pasas de uva, miel, coco rayado, semillas de sésamo, levadura de cerveza y jugo de limón.

Algunas personas optan por suprimir la miel y el jugo de limón. También puede reemplazarse el jugo de limón por jugo de pomelo o de naranja. Si alguna de los ingredientes no es del agrado del consumidor, pueden reemplazarse por otras frutas disecadas como la ciruela, higos, damascos, etc.

Las nueces, el polen y la avena “no deberían” reemplazarse dentro de la Granola.

Este desayuno favorece la actividad del cerebro y mejora el rendimiento intelectual y de concentración. Su poder energético y nutritivo constituye el mejor estimulante muscular y un complemento ideal en todo el organismo. La Granola conserva los elementos base de la guía alimentaria nutricional, resultando indispensable para el crecimiento de los niños y para mantener el vigor en los adultos. Puede ser el mejor complemento en cualquier dieta. Elimina el colesterol y depura la sangre. Es la mejor alternativa contra el cansancio y el agotamiento. Su consumo a la mañana representa la mejor vitamina.


Otra semilla que puede agregarse y hace muy bien:


La semilla de “Amaranto” contiene grandes aportes de calcio, es similar a la leche y a la soja, actúa contra la desnutrición y fortalece la salud a toda edad.

Crece desde México hasta Argentina. Se la conoce también con los nombres de: bledo rojo, alfalfa de los pobres, sangorache, jataco, quinuicha, ataco y achita.

La principal virtud del Amaranto está contenida principalmente en sus semillas y en menor medida en sus hojas y flores. Posee aminoácidos esenciales e imprescindibles para el correcto funcionamiento del organismo, hidratos de carbono, hierro y fósforo.

En los chicos sus propiedades antiinflamatorias y antifebriles son eficaces para vencer los virus y las bacterias típicas de esa edad.

En los adolescentes su poder energizante es altamente beneficioso para los deportes y actividades al aire libre.

En los adultos, al no contener gluten, puede consumirse por quienes padecen trastornos metabólicos que les impide digerir harinas.

El Amaranto ataca todos los problemas bronquiales e influye positivamente en casos de tensión nerviosa y altos niveles de estrés.

En Argentina la especie “Amaranto muricatus”, conocida como “yerba meona” o “ataco” es útil en los casos en que sea necesario hacer supurar infecciones de la piel; se indica en este caso hacer infusiones y tomarlas como mínimo tres veces al día. La infusión tiene acciones antimicóticas y antiparasitarias.

La harina de amaranto puede convertirse también en el mejor sustituto del pan, pastas, empanadas, pizzas, galletitas o bizcochos.

La mejor manera de elaborarlas es moler las semillas utilizando una procesadora o un molinillo de café, hasta que queden finamente molidas. Luego se mezclan con harina de soja integral y harina de arroz. Como el amaranto no tiene gluten, le falta la consistencia necesaria para volverse fácilmente panificable, por eso deben mezclarse.

Las proporciones aproximadas son: 30 % de harina de amaranto; 35 % de harina de soja y 35 % de harina de arroz.

Se revuelve esta mezcla con agua y aceite junto a unos 30 gramos de levadura de cerveza disuelta en agua tibia. Se deja leudar en un recipiente tapado herméticamente. Luego se amasa unos minutos y está listo para ser utilizado como pan, bollos, pizzas, etc.


Fuente: Dr. Hugo Golberg