
ADICCIONES
Cuando estudiamos las ventajas y desventajas de los dispositivos indicados para la cura de la drogadependencia, es clásico señalar que el punto débil de las internaciones en comunidades terapéuticas es la reinserción.
La razón que se esgrime para explicar esta dificultad es el largo tiempo en que el joven debe aislarse de su realidad cotidiana.
Hay situaciones diferentes para cada joven que se interna, y la instancia de reinserción se debe programar según el caso.
Cuando el joven cuenta con una familia básicamente bien estructurada y con capacidad de cambio, la reinserción no es un problema, porque la crisis que se genera en el grupo familiar es asumida por ésta y da inicio a un proceso de cambio en el que todos se sienten interpelados.
Sin embargo hay otra categoría de jóvenes que vienen a las comunidades terapéuticas, y son los que aún antes de ser adictos tenían una familia disfuncional o directamente desintegrada o muy patológica. En este caso la dificultad de reinserción no se debe al aislamiento, sino a la falta de consistencia de una familia que no tiene mucho para ofrecerle.
Hay que señalar, asimismo, que estos jóvenes; y en la gran mayoría sus padres, no tienen una cultura del trabajo. Y en estos casos no se podría hablar de reinserción, sino que estaríamos hablando de inserción laboral y social.
Pensando en esta última categoría creo que hay dos respuestas posibles y deseables:
1) Que el trabajo durante el tiempo de internación debe ser organizado, con instancias de capacitación e inculcando valores propios de la cultura del trabajo.
2) Articular con las oficinas de empleo de los municipios donde el joven va a insertarse, para ofrecerle fuentes de trabajo y capacitación acordes con sus necesidades.
Fuente: Jorge Fleitas
Director terapéutico de la
Comunidad “La Urdimbre”
Cuando estudiamos las ventajas y desventajas de los dispositivos indicados para la cura de la drogadependencia, es clásico señalar que el punto débil de las internaciones en comunidades terapéuticas es la reinserción.
La razón que se esgrime para explicar esta dificultad es el largo tiempo en que el joven debe aislarse de su realidad cotidiana.
Hay situaciones diferentes para cada joven que se interna, y la instancia de reinserción se debe programar según el caso.
Cuando el joven cuenta con una familia básicamente bien estructurada y con capacidad de cambio, la reinserción no es un problema, porque la crisis que se genera en el grupo familiar es asumida por ésta y da inicio a un proceso de cambio en el que todos se sienten interpelados.
Sin embargo hay otra categoría de jóvenes que vienen a las comunidades terapéuticas, y son los que aún antes de ser adictos tenían una familia disfuncional o directamente desintegrada o muy patológica. En este caso la dificultad de reinserción no se debe al aislamiento, sino a la falta de consistencia de una familia que no tiene mucho para ofrecerle.
Hay que señalar, asimismo, que estos jóvenes; y en la gran mayoría sus padres, no tienen una cultura del trabajo. Y en estos casos no se podría hablar de reinserción, sino que estaríamos hablando de inserción laboral y social.
Pensando en esta última categoría creo que hay dos respuestas posibles y deseables:
1) Que el trabajo durante el tiempo de internación debe ser organizado, con instancias de capacitación e inculcando valores propios de la cultura del trabajo.
2) Articular con las oficinas de empleo de los municipios donde el joven va a insertarse, para ofrecerle fuentes de trabajo y capacitación acordes con sus necesidades.
Fuente: Jorge Fleitas
Director terapéutico de la
Comunidad “La Urdimbre”