martes, 4 de agosto de 2009

EDUCACIÓN

Preservar
el Medio ambiente



La selva Paranaense, que entre nosotros recibe también el nombre de selva Misionera, puede hospedar 150 especies diferentes en una sola hectárea. Tal exhuberancia la torna el ambiente de mayor biodiversidad de la Argentina y Paraguay; y escolta de la selva amazónica de Brasil.
Por desgracia este sitio privilegiado es uno de los más amenazados de Sudamérica. En Argentina cubría originariamente 2.500.000 hectáreas. Hoy apenas cubre el 45 % de esa superficie. Si el ritmo de deforestación continúa su marcha, se prevé que en muy pocos años nos quedaremos “sin selva”.
Hasta el momento, los esfuerzos por evitar el augurio se centraron en el establecimiento de áreas naturales protegidas.
El puntapié inicial fue dado en 1934 con la creación del Parque Nacional Iguazú. Más de medio siglo después, algunas organizaciones ambientalistas comenzaron a presionar al gobierno de Misiones, y este empezó a tejer una red de conservación que cuenta con un número de 17 unidades y casi 300.000 hectáreas protegidas en forma privada. Se incorporaron además una treintena de productos forestales al régimen que procura conciliar conservación y desarrollo dentro de las reservas de la biosfera.

A fines del año 1980, una represa convirtió 70 kilómetros de la cuenca inferior del arroyo “Urugua-í” en un lago de 8.500 hectáreas y sepultó correderas, islas, remansos y barreras de alto valor biológico.
Para compensar ese tremendo impacto (Daño), como demandaban algunas organizaciones conservacionistas, y velar por la vida útil del aprovechamiento hidroeléctrico; el gobierno misionero creó un área protegida diez veces mayor que la extensión anegada: El Parque Provincial Urugua-í.
Lamentablemente su diseño distaba mucho del ideal, ya que dejaba afuera la mayor parte del curso medio del arroyo (67 Km.). Y esto no sólo implicaba un grave problema para la protección de la cuenca hídrica que hoy produce gran parte de la energía de Misiones. También desamparaba al poblado de especies amenazadas y exclusivas que dependen del hábitat ribereño, como la “ranita del Urugua-í”; y quizás el esquivo “pato serrucho”, entre otras especies.
Esta deficiencia impulsó a empresas privadas a completar el escudo del Parque Provincial. Así nació en 1987 el llamado “Proyecto Urugua-í”. En 1990 el Consejo Internacional para la Preservación de las Aves; el Rocky Mountains Biological Laboratory; y Nature Conservancy donaron 180.000 dólares para comprar las tierras de Alto Paraná S. A. (APSA) involucradas en el proyecto y realizar su mensura. Sin embargo, al año siguiente hubo un cambio de planes, y la empresa papelera donaría los terrenos, la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) aportaría el dinero recaudado para el manejo de la futura reserva y juntas constituirán una fundación “ad hoc” que se encargaría de implementar el área protegida.
La Fundación Urugua-í comenzó a tramitarse en 1992. En 1994 dentro del campo “Los Palmitos” de APSA, La FVSA mensuró las 3.243 hectáreas que conformarían la reserva.
En 1996 la Cámara de representantes de Misiones expresó su beneplácito por la iniciativa, pero cuando todo parecía listo; la mayor parte del paquete accionario de “Alto Paraná” cambió de manos.
Afortunadamente la nueva empresa (Grupo Angelini, de Chile) asumió el compromiso y el 19 de marzo de 2002, la Fundación Urugua-í obtuvo su personería Jurídica.

¿Qué atesora el área protegida?

Tiene 2.000 plantas superiores (entre ellas más de cien árboles madereros) 114.000 mamíferos, y más del 35 % de la fauna avícola nacional. También hay un nutrido grupo de peces, anfibios y reptiles; un sin número de bichos raros y diferentes especies en extinción como el palmito, el palo rosa, la yacutinga y el yaguareté.

PRESERVAR EL MEDIO AMBIENTE, ES UNA TAREA DE TODOS.

Fuente:
Roberto Rainer Cinti
(Periodista)